domingo, 26 de enero de 2014

Detalle que hace a las chicas especiales y que a los hombres nos hace mejores.


A la hora de definir una cualidad por lo que es especial una chica, resaltaría casi siempre, su sensibilidad. Me parece un detalle fundamental y lo que marca la gran diferencia respecto a los chicos. Una sensibilidad que causa grandes diferencias. Las hace increíblemente atractivas y puede hacerlas absolutamente incomprensibles. Estos cambios radicales en el humor de una mujer a nosotros nos vuelven locos. Para lo bueno y para lo malo. ¿Quién no ha saboreado el gustazo de decir algo bueno en el momento oportuno y ver como ella disfruta eso? Quizás haya machotes que digan que eso no es cosa suya. Pero si, a todos nos ha derretido alguien en algún momento.

Única sensibilidad, donde hay días que nos tortura. Pero en cambio, esos días que nos hace sentirnos importantes, cuando viven una tempestad de sentimientos y no ven que se ahogan en un mar de preocupaciones. De incoherencias, de luchas y fantasmas. De demasiadas percepciones. De confusiones y opiniones. Son tantos datos que perciben, que ni ellas mismas se dan cuenta que generan una bola imposible de detener. No lo entendemos. Puede que ellas tampoco. Pero chocará contra el que se pone en su camino. 

Nosotros hablamos mal, hacemos bromas fáciles y no lo entendemos, ellas... No sé qué demonios opinan de si mismas. Pero lo que tengo claro, es que hasta en ese momento, también podemos seguir queriéndolas más y más. En esa bola estamos comprometidos, y en definitiva, solo pensar que somos parte de su constante preocupación, es un gran cumplido. Al menos, para el que mal escribe. 

Me vienen a la cabeza personas y momentos. Y la verdad, creo que es un poco de locura pasajera. Solo pensaba, me encantaría estar con ella en ese instante. No solo por ser de noche y estar ella en pijama... oye, que también estaría bien. Pero coñas aparte, poco mejor hay que la ilusión de ser importante en el estado de preocupación y sensibilidad para poder contribuir a su estabilidad emocional. Siempre devuelven mucho más de lo que tú aportas. Siempre he pensado que un mínimo sacrificio de pasarlo mal por ellas te da muchos días de alegrías. 

¿Qué tiene esto que ver con que a nosotros nos mejore?

Pues todo y nada. Según la persona. Hablaba con un amigo y repasábamos. Cumples tu plan, trabajas, te preocupas por tus amigos, ves a la gente, ayudas a tu familia cuando lo piden, te exiges nuevas metas. Solo te falta una cosa, la novia. Y entonces te bloqueas, eso ahora solo me desestabilizaría. Puedes pensar... La verdad es que el resultado es bien distinto. Obviamente no se puede generalizar, pero ante personas que tienen la suerte de ser normales y coherentes con su vida (pocos, dicho sea de paso), una novia aporta elementos especiales. Es la contraposición a todo lo que mencionaba antes. Ellas pueden ser un terremoto de sensibilidad, y es increíble que a un chico, ese terremoto sea la causa que ordene y centralice sus sentimientos. Genere un cauce de sensibilidad exclusivo y motive los pequeños detalles del día a día. Es la gran disyuntiva. La chica, en todo su esplendor de maravillosa sensibilidad y que al chico puede llegar a perturbar es quien encamina y al que en nosotros ordena todos los sentimientos. Un orden que nos lleva a enfocar todos nuestros detalles y nuestras debilidades sensibles hacia una persona: Ella.

Quien motiva nuestras ilusiones. Es causa de nuestras debilidades. Cada sentimiento tiene un objetivo. Una meta Te levantas no sólo por tu trabajo. Por tus hábitos con los mejores amigos. Por el desayuno (que maravilla de comida). Te levantas con la ilusión de pensar en ella, motivado por volver a verla. Y esa fuerza, esa sensibilidad te da un poco más de intensidad. Te puede hacer llegar a lo que antes te quedabas cerca. Es el empuje que ilusiona a hacer todo un poco mejor. Porque si, ahí luego encontrarás quien con toda su sensibilidad, valorará que todos los esfuerzos que haces por ella, y acto a acto todo sea un motivo más para que al día siguiente te puedas volver a entregar.  Y día a día. Momento a momento. Detalle a detalle. Nuestras decisiones sensiblemente motivadas, nos empujan a hacer las cosas mejor porque es lo que quieres para ella. 

Muchas veces hago esto. Alguna parte oculta. He mezclado algo personal con un detalle que me encantó hablar. El otro día, cuando me escribía contigo, sólo podía pensar… me encantaría estar a su lado. Dar un paseo. Poder dejarle mi abrigo y pasar frio. Tener algo que le encante preparado. Decirle cada poco lo más bonito que se me ocurriera. Quizás no darle la mano, pero si algún golpe intencionado que supiera que estoy a su lado. Poder escuchar lo que le pasa por la cabeza y que me hablara. No se cansara de contarme todo lo que quiera decir. Que pudiera escucharla hasta que se cansara de hablar, y entonces, seguir caminando en silencio. Sentarnos en algún banco. Mirarnos y poder sonreírle, encenderle un pitillo si le apetece. Incluso fingir que fumo por primera vez en mi vida por acompañarla. No pensar en otra cosa, que volver a disfrutar un buen rato, sin pensar en otra cosa hasta darse cuenta, que lo que siempre he deseado es sólo pasar más tiempo con ella.  

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