A la hora de
definir una cualidad por lo que es especial una chica, resaltaría casi siempre,
su sensibilidad. Me parece un detalle fundamental y lo que marca la gran
diferencia respecto a los chicos. Una sensibilidad que causa grandes diferencias.
Las hace increíblemente atractivas y puede hacerlas absolutamente
incomprensibles. Estos cambios radicales en el humor de una mujer a nosotros
nos vuelven locos. Para lo bueno y para lo malo. ¿Quién no ha saboreado el
gustazo de decir algo bueno en el momento oportuno y ver como ella disfruta
eso? Quizás haya machotes que digan que eso no es cosa suya. Pero si, a todos
nos ha derretido alguien en algún momento.
Única
sensibilidad, donde hay días que nos tortura. Pero en cambio, esos días que nos
hace sentirnos importantes, cuando viven una tempestad de sentimientos y no ven
que se ahogan en un mar de preocupaciones. De incoherencias, de luchas y
fantasmas. De demasiadas percepciones. De confusiones y opiniones. Son tantos
datos que perciben, que ni ellas mismas se dan cuenta que generan una bola
imposible de detener. No lo entendemos. Puede que ellas tampoco. Pero chocará
contra el que se pone en su camino.
Nosotros
hablamos mal, hacemos bromas fáciles y no lo entendemos, ellas... No sé qué demonios
opinan de si mismas. Pero lo que tengo claro, es que hasta en ese momento,
también podemos seguir queriéndolas más y más. En esa bola estamos
comprometidos, y en definitiva, solo pensar que somos parte de su constante
preocupación, es un gran cumplido. Al menos, para el que mal escribe.
Me vienen a
la cabeza personas y momentos. Y la verdad, creo que es un poco de locura
pasajera. Solo pensaba, me encantaría estar con ella en ese instante. No solo
por ser de noche y estar ella en pijama... oye, que también estaría bien. Pero
coñas aparte, poco mejor hay que la ilusión de ser importante en el estado de
preocupación y sensibilidad para poder contribuir a su estabilidad emocional.
Siempre devuelven mucho más de lo que tú aportas. Siempre he pensado que un
mínimo sacrificio de pasarlo mal por ellas te da muchos días de alegrías.
¿Qué tiene
esto que ver con que a nosotros nos mejore?
Pues todo y
nada. Según la persona. Hablaba con un amigo y repasábamos. Cumples tu plan,
trabajas, te preocupas por tus amigos, ves a la gente, ayudas a tu familia cuando lo piden, te
exiges nuevas metas. Solo te falta una cosa, la novia. Y entonces te bloqueas,
eso ahora solo me desestabilizaría. Puedes pensar... La verdad es que el resultado
es bien distinto. Obviamente no se puede generalizar, pero ante personas que
tienen la suerte de ser normales y coherentes con su vida (pocos, dicho sea de
paso), una novia aporta elementos especiales. Es la contraposición a todo lo
que mencionaba antes. Ellas pueden ser un terremoto de sensibilidad, y es
increíble que a un chico, ese terremoto sea la causa que ordene y centralice
sus sentimientos. Genere un cauce de sensibilidad exclusivo y motive los
pequeños detalles del día a día. Es la gran disyuntiva. La chica, en todo su
esplendor de maravillosa sensibilidad y que al chico puede llegar a perturbar
es quien encamina y al que en nosotros ordena todos los sentimientos. Un orden
que nos lleva a enfocar todos nuestros detalles y nuestras debilidades sensibles
hacia una persona: Ella.
Quien motiva
nuestras ilusiones. Es causa de nuestras debilidades. Cada sentimiento tiene un
objetivo. Una meta Te levantas no sólo por tu trabajo. Por tus hábitos con los
mejores amigos. Por el desayuno (que maravilla de comida). Te levantas con la
ilusión de pensar en ella, motivado por volver a verla. Y esa fuerza, esa
sensibilidad te da un poco más de intensidad. Te puede hacer llegar a lo que
antes te quedabas cerca. Es el empuje que ilusiona a hacer todo un poco mejor.
Porque si, ahí luego encontrarás quien con toda su sensibilidad, valorará que
todos los esfuerzos que haces por ella, y acto a acto todo sea un motivo más
para que al día siguiente te puedas volver a entregar. Y día a día.
Momento a momento. Detalle a detalle. Nuestras decisiones sensiblemente
motivadas, nos empujan a hacer las cosas mejor porque es lo que quieres para
ella.
Muchas veces
hago esto. Alguna parte oculta. He mezclado algo personal con un detalle que me
encantó hablar. El otro día, cuando me escribía contigo, sólo podía pensar… me
encantaría estar a su lado. Dar un paseo. Poder dejarle mi abrigo y pasar frio.
Tener algo que le encante preparado. Decirle cada poco lo más bonito que se me
ocurriera. Quizás no darle la mano, pero si algún golpe intencionado que
supiera que estoy a su lado. Poder escuchar lo que le pasa por la cabeza y que
me hablara. No se cansara de contarme todo lo que quiera decir. Que pudiera escucharla
hasta que se cansara de hablar, y entonces, seguir caminando en silencio.
Sentarnos en algún banco. Mirarnos y poder sonreírle, encenderle un pitillo si
le apetece. Incluso fingir que fumo por primera vez en mi vida por acompañarla.
No pensar en otra cosa, que volver a disfrutar un buen rato, sin pensar en otra
cosa hasta darse cuenta, que lo que siempre he deseado es sólo pasar más tiempo
con ella.
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