Acabare respondiendo a la pregunta, pero antes, todos los días me viene a la cabeza. ¿Creo en el amor? Se dice que hay tres tipos de amor. Yo creo que son todos el mismo pero con matices.
Aunque empezara hace tiempo y lo publicara ayer, hay cosas que importan. Hoy celebro mi trigésimo santo. San Ignacio. Un día mas pero no menos importante. Es el aniversario del día donde descubrí que hasta los corazones más fuertes también se pueden romper. El pegamento para rehacerlo es lento. Muy lento. Y sobre todo, sigue presente ese roto. Visible y cicatrizando. En muchas ocasiones, rechazado. Por encima de todo: engañado.
Cuando las dudas se apoderan de esos corazones, sabes que saldrás adelante. Pero se desconfía. Nada es como se dice. Mi cabeza rechaza enamorarse. Mi corazón lo necesita para recuperarse. No es la guerra interna lo que me preocupa. Es ver que los demás no luchan ni acompañan estas batallas. Esa soledad, esa niebla en mi batalla, ese vacío a mi alrededor me arrastra cada día a un sentimiento de derrota. Donde no ves con quien luchas. Quien vence a esos fantasmas que engañan y manipulan. Que una y otra vez quieren meter el odio, la venganza, la maldad. Abusan de la debilidad. Rechaza el amor. Un amor que no existe, un enamoramiento y unas relaciones que engañan. Porque se hacen daño. ¿Cómo creer en nadie? ¿Porqué arrastrarme y ser como todos? No lo entiendo, si no veo más que una sombra. No me deja ninguna imagen. Dicen que el amor ilumina. Quizás llevo demasiado tiempo entre sombras. No las temo. Pero si sueño, si espero y si siento que mi corazón sigue enamorado dejando a un lado todo. No es sentimiento, no es ilusión. Eres tú quien me hace preguntar y dudar si volver a creer en el amor.
Sigo y sigo escribiendo, la cabeza vuelve a su línea. Continuamente me acuerdo de detalles y me vuelvo a preguntar. ¿Qué se ve en cuanto te enamoras? Ayer me dolía la cabeza. pensando una y otra vez si realmente hay personas que ven claramente como otra es para el resto de su vida. Es entonces cuando me pregunto cómo soy yo mismo. Echo la vista atrás y me doy cuenta de que a lo largo de mi vida, he tenido que lidiar con decisiones muy complicadas y sobre todo, siempre me han venido fuertes golpes. Estoy acostumbrado ya lo compartía. Pero hay pequeños patrones. Detalles que muestran cómo somos. La gente que ha deseado conocerme ve las evoluciones y cómo consigo lo que deseo. Cómo lucho y quién soy. Y siguiendo en esa línea, hablaba con ese amigo que tantas personas le han confiado su vida con gran sinceridad y fuerte amistad. ¿Existe una chica para mí? ¿Cómo la conoceré? ¿Cómo sabré que es ella a quien entregar mi vida? La respuesta nunca es fácil. Demasiadas alteraciones que distraen mi camino. Pero el tenía muy claro, que yo no sería de los que lo ven al momento. Que puedo tener dudas. Que son sus detalles los que me harán enamorarme y que por supuesto, será muy muy complicado. Como toda mi vida. Acostumbrado a luchar. Siempre dispuesto a dar. No importando recibir. Y sobre todo ganandote toda la vida, esa sonrisa, que con esfuerzo, te hará feliz. Volver a verla, cómoda, descansando, tranquila, segura, sin preocupaciones, sabiendo que tú eres quien puede hacerle estar en paz y juntos, disfrutar toda batalla.