Dos semanas de tormenta interior pueden tener efectos muy positivos. Redescubrirse uno mismo y conocerse mejor sólo es el comienzo. La precisión en el conocimiento interior hace que exteriormente funcionemos un paso por delante de nuestras expectativas.
Cuando Cristóbal Colón emprendió su viaje, no esperaba encontrarse con América. Buscaba ir por el oeste hacia Asia. Aunque decían entonces que era un viaje demasiado largo los que creían que la tierra era redonda. Pero ese espíritu, esa decisión, es todo un ejemplo de alma luchadora y sobre todo magnánimo. Cómo me ha llamado poderosamente la atención siempre esa palabra. Me gusta la idea de tener un espíritu aventurero. Por supuesto que tengo sueños e ilusiones. Tienen nombre y apellidos. Quizás me quede corto comparándolo en un viaje como los de entonces, pero eso no me debe torcer el espíritu. No quiero dejar de sentirme un aventurero. Mi tormenta pasa por no anclarme en si hacer el viaje o no. De si pelearme por darle o no darle esto o aquello de si decir o no una cosa. Mi espíritu es mucho más grande, mi corazón, es un faro para su vida si quiere verme. No deseo perder el tiempo en limitaciones, voy a salir a navegar y encontrar nuevas tormentas y nuevas aventuras. Entonces, siempre, tendré la oportunidad de mirarte y decirte cada día: ven conmigo. Tú, eres mi mejor aventura y mi capitán, nos quiere a los dos.
Después de una tormenta siempre viene una calma. ¡Cómo el mar nos enseña que la vida se ha vivido por muchos antes! Hay aficiones que enseñan mucho. Hay experiencias que aportan más. Pero sin ninguna duda, pasada la tormenta, disfruto de la calma. Una realidad no acorde con mis inquietudes, me encanta hacerme a la mar y vivir experiencias. No soy de los que se dan mucho tiempo a salir a por los desafíos, pero el respeto esta por encima de cualquier aventurero.
Cada día en el mar es una aventura nueva. Como cada día de tu vida. ¡Tú eres el protagonista! Así, sin más, en tantas aventuras que he vivido, siempre hay una figura que me atrapa y enamora. Las sirenas. Poco he leído sobre su historia y cómo surgen en las novelas e historias. Naturalmente, leyendas del mar. No creo que encontremos muchas sirenas en el desierto, en las montañas o en bosques. Esos ya tienen sus leyendas y fantasías. Pero mis queridas sirenas. ¿Cómo las encontramos en el día a día? Pues es bastante fácil, enamorándonos con su belleza, sus voces, su semblante, su esencia, todo lo que una chica muy atractiva hace que sea así durante una época de su vida. El tiempo que quita la respiración por donde pasa. El tiempo que te para el corazón para observarla. Momento en que cuando habla, encanta. Si se dirige a ti, te hipnotiza. Tiempo en que sus canciones te atan enamorado. Son tantos los argumentos que te dejan helado de una sirena, que a veces no te das cuenta de que hay demasiadas y querer estar pendiente de todas no hará sino perdernos en un infinito de ilusiones y desesperaciones porque harán sufrir. Me cuesta entenderlo, pero no se les puede dar nada mientras no sean ellas las que quieran algo de ti. A pesar de que engañen y manipulen. La fortaleza y capacidad de sufrimiento por ellas es lo que si que puede hacer que te canten para toda la vida. No hay que dejarse engañar por ellas ni entrar en sus juegos.
Es la cruda realidad, pero la verdad. La religiosidad del marinero, surge de la visión de momentos que aterran al corazón mostrándose la fuerza de lo desconocido. No hay lucha de sentimientos ni voluntad que supere la creación y su naturaleza. Sobrecogen las desgracias y estrechan nuestra seguridad. Humildad, respeto y generosidad son virtudes que en el día a día nos hacen más fuertes. Abandonarse y pedir ayuda no es síntoma de debilidad. ¡Quiero dejar mi soberbia a un lado y guiarme en lo que deseas! Contigo, llegaré siempre a buen puerto.
Después de una tormenta siempre viene una calma. ¡Cómo el mar nos enseña que la vida se ha vivido por muchos antes! Hay aficiones que enseñan mucho. Hay experiencias que aportan más. Pero sin ninguna duda, pasada la tormenta, disfruto de la calma. Una realidad no acorde con mis inquietudes, me encanta hacerme a la mar y vivir experiencias. No soy de los que se dan mucho tiempo a salir a por los desafíos, pero el respeto esta por encima de cualquier aventurero.
Cada día en el mar es una aventura nueva. Como cada día de tu vida. ¡Tú eres el protagonista! Así, sin más, en tantas aventuras que he vivido, siempre hay una figura que me atrapa y enamora. Las sirenas. Poco he leído sobre su historia y cómo surgen en las novelas e historias. Naturalmente, leyendas del mar. No creo que encontremos muchas sirenas en el desierto, en las montañas o en bosques. Esos ya tienen sus leyendas y fantasías. Pero mis queridas sirenas. ¿Cómo las encontramos en el día a día? Pues es bastante fácil, enamorándonos con su belleza, sus voces, su semblante, su esencia, todo lo que una chica muy atractiva hace que sea así durante una época de su vida. El tiempo que quita la respiración por donde pasa. El tiempo que te para el corazón para observarla. Momento en que cuando habla, encanta. Si se dirige a ti, te hipnotiza. Tiempo en que sus canciones te atan enamorado. Son tantos los argumentos que te dejan helado de una sirena, que a veces no te das cuenta de que hay demasiadas y querer estar pendiente de todas no hará sino perdernos en un infinito de ilusiones y desesperaciones porque harán sufrir. Me cuesta entenderlo, pero no se les puede dar nada mientras no sean ellas las que quieran algo de ti. A pesar de que engañen y manipulen. La fortaleza y capacidad de sufrimiento por ellas es lo que si que puede hacer que te canten para toda la vida. No hay que dejarse engañar por ellas ni entrar en sus juegos.
Es la cruda realidad, pero la verdad. La religiosidad del marinero, surge de la visión de momentos que aterran al corazón mostrándose la fuerza de lo desconocido. No hay lucha de sentimientos ni voluntad que supere la creación y su naturaleza. Sobrecogen las desgracias y estrechan nuestra seguridad. Humildad, respeto y generosidad son virtudes que en el día a día nos hacen más fuertes. Abandonarse y pedir ayuda no es síntoma de debilidad. ¡Quiero dejar mi soberbia a un lado y guiarme en lo que deseas! Contigo, llegaré siempre a buen puerto.
Dice un refrán marinero: "penas y olas nunca vienen solas". ¡Que gran verdad! Sin embargo, hay olas que se pueden navegar y evitar y penas que no siempre se deben recibir. El secreto suele ser la actitud. El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie y el realista ajusta las velas. ¿Quién eres tú?
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