La realidad del día a día viene marcada por el imperceptible dialogo del demonio en las tentaciones con las cosas buenas. Una frase para mi gusto, muy delicada. Lo peor, que la vivimos y sufrimos. Es posible que algunos nos preguntemos lo que significa una afirmación tan delicada. Y la explicación no es nada sencilla. Pasó por encima Chesterton. Lo han dicho JPII y Benedicto XVI en bastantes ocasiones. Los que montan negocios humanos se ven como nuevos salvadores y exigen un valor humano sobre algo que trabajan como su negocio. Es un tema delicado a desarrollar.
Son muchas críticas, que de hechos buenos, surgen terribles males. Cada vez peores. Y lo peor, la fribolidad con la que se comparten, la imagen con la que se difunden y la falsedad que generan, empieza a coger un matiz, muy muy peligroso. Estamos perdiendo la vergüenza de hacer las cosas mal y nos preocupamos en ocultar los males con imágenes de pequeños detalles heroicos de personas que no conocemos y circunstancialmente dan un gran ejemplo.
Podría escribir de las miserias de cada uno, pero no. Aquí no necesitamos machacarnos unos a otros. Lo que realmente nos falta es verdadero amor por el prójimo. Verdadera amistad. Máxima sinceridad y mucha lealtad. Un ejemplo evidente son los vídeos y testimonios que cada vez se comparten a mayor velocidad en redes sociales. Dar publicidad a historias increíbles. No dudo de ellas. Dudo de la transmisión. Dudo de cómo generamos una imagen que no es real. La evolución de los pecados lleva a que estos pasen desapercibidos. Y con esto, el examen de conciencia y propósito de enmienda no se lleven a cabo. No, esto no es una apología de la confesión. Es el hecho de que lo que hacemos mal, no nos avergüenza. Pasa por encima y lo ocultamos con el deseo de vivir historias increíbles. Cada vídeo, cada testimonio. Nos puede sorprender. Y eso es muy grave. No luchamos por hacer cada día una vida heroica. Nos fijamos y compartimos lo de los demás sin desear que los de nuestro alrededor los que conviven día a día con nosotros seamos especiales.
¿Cuál es la crítica? No es sencilla. Basta con llegar a la cama y decirte, ¿que he hecho yo heroico? Y ahí, en tu respuesta. Tienes mi crítica. Nada. No hemos hecho nada. Ningún esfuerzo. Y es muy fácil. Así rompemos amistades. Así perdemos confianza. Un mensaje de whatsap no aporta nada. Es muy fácil. No hay cariño. Coger a las ocho el coche después de trabajar todo el día para ir a ver un amigo y tomar una cerveza durante media hora. Ya es un hecho heroico. Y te vuelves contento. Porque si, has hecho algo por alguien. Tengo miles de ejemplos. Hace no mucho, una persona que me ha sorprendido. Queda con otra y se baja 45 minutos en autobús para verse. Sin saber yo que se dicen, pero... ¿alguien hace eso? una cosa tan sencilla, que debería ser normal. Me parece excepcional y me ha asombrado. Estaba "celoso" de que ese otro mereciera tal atención. Daba igual el esfuerzo que yo hiciera por hacer lo mismo. Romper mi tarde de trabajo con clientes, inventar una entrega o colgar el teléfono que no paraba de vibrar por estar atento a cada segundo que me habían concedido.
Aprovechar para ver a mi familia y no contar la decepción del momento y estar contento sabiendo que no siempre tendré esos momentos tan buenos de compartir sus ratos de cartas. Mil detalles que para muchos puedan ser increíbles. En mi caso, me han descuadrado y roto toda la ilusión. Pero me han hecho, sorprenderme más. Quizás parezcan cosas pequeñas. Pero estamos faltos, muy faltos de pequeñas heroicidades. Porque son, las que día a día, ocultarán nuestras miserias y recompensan el propósito de enmienda de nuestros pecados.
Unos momentos que quedan en el tiempo, historias buenas y malas. Gracias y desgracias. Todos nos hemos equivocado. En mayor o menor medida, todos hemos vivido mismas situaciones. Las tentaciones no se inventan. Los errores no son nuevos. Pero la mentira, el engaño, la ausencia de compromiso por desagraviar nuestros males, esa ocultación, esa falta de vergüenza ante lo que hacemos mal ocultándolo con las cosas de otros, es a día de hoy, un mal terrible. ¿Dónde están nuestras luchas? ¿Qué hemos por los demás? Cuesta ver peleas por la imagen. Sigo a las personas en facebook sin saber muy bien que hace. Sesiones de llamar la atención... necesidad de afecto. Se están ocultando muchas carencias en las redes sociales. Y no se están rellenando esas carencias con el trabajo de luchar por superar la vergüenza de nuestras deficiencias. Si, lo estamos haciendo de forma descarada y sin ningún tipo de pudor. Barremos la casa y escondemos todo debajo de la alfombra. Es una crítica a lo peligrosos que nos estamos haciendo. Donde la sinceridad es un bien escaso, y donde las mentiras empiezan a hacer mucho daño a las relaciones.
Podría citar muchas frases del Papa Francisco. Pero si no lo hago es por una razón muy sencilla, no las publico, no las comparto, no las comento, porque si las coges, lees y con humildad aceptas, te das cuenta de que te afectan de tal manera, que sólo un hipócrita es capaz de tirar la primera piedra y decir nada de ellas. Recibirá una imagen bonita, será algo increíble. Pero el mensaje viene de lo que cada uno quiere luchar. Y no. No es un camino fácil. La humildad y aceptar que el diablo dialoga con nosotros como si de un amigo se tratara, puede ser el primer paso para descubrir, que socialmente, estamos bastante podridos.
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