jueves, 26 de febrero de 2015

Hoy pensaba en tí.

En el treintagésimo aniversario de mi nacimiento has invadido mi cabeza el día anterior. Me gustaría recordar esto como cuando leo lo que escribía hace más de diez años. Con una sonrisa después de ver cómo era un mal momento del que salía adelante. Y sí, hoy ha sido un día difícil. Lo necesitaba, he parado de trabajar pronto y me he ido. Me he acordado primero de ti, te he dedicado el momento que siempre mereces y luego me he ido. A no pensar más. En verme completamente solo. En destrozar la barrera de mi cabeza que echa raíces de pesimismo cuando pienso en lo que me ocurre. Y así, me seguía acordando de ti. Viniera lo que viniera, mientras una bola salía despedida hacia la oscuridad y perdía brillo con un golpe, parecía llevar el nombre de cada cosa mala que circulaba por la cabeza.

Son muchos reflejos y salían despedidos hacia todos lados. Pero sí, todo sigue dentro. Cada recuerdo esta presente. Y no hace daño, pero si llena mi corazón. Sensible corazón. Hoy, muy atormentado. Porque acudía a nuestro momento. A nuestro encuentro. A esos días que me acompañabas y no sabía quien eras. En el aire y en la lluvia. Pero sobre todo, en la brisa del mar. Sabía que siempre te encuentro ahí. Me gustaría mostrar mi experiencia. Presentarte y que todos te encuentren. Saber que nunca hemos caminado solos. Que mire a donde mire, siempre he visto tu rostro. Que pueden ser treinta o sesenta. No creo que llegue a noventa, pero acomodado, con dificultad. Por favor, siempre sonriente. Sabes que lo pido cada día. Así me veo mis últimos días. A tu lado. No quiero pensar en presente ni futuro. Quiero saber que estaré para ti toda la vida. Aunque tenga malos momentos, pase lo que pase, no dejes que me aleje y recuerdame al oído. Sin que nadie nos escuche, lo que sólo tú y yo sabemos y que siempre nos hará sonreír.

Un día después, sigo sentado. Ni frio ni calor. Mi tiempo y el silencio en mi cabeza. Atento a tus palabras. Con mi alma, cabeza y corazón esperando tus respuestas. Me faltaba tu mirada y comprendía entonces, que lo que escondo en mi mirada, nadie podra comprenderlo. La guardaré, porque el corazón que esconde, muy pocos lo merecen. Saben sólo ellos quienes son los afortunados. Hay tesoros que en la nada, son eternos y sobre lo finito, no se encuentran.


lunes, 23 de febrero de 2015

No eres tú, soy yo.

Todos echamos balones fuera. Pero esa frase sólo se escucha en el ámbito relacional. Y me parece falsa. Creo que es la peor forma de justificar la cobardía de las malas decisiones. La ausencia de personalidad y la negación del compromiso con otras personas. Parece que no es políticamente correcto asumir fallos sin que parezca heroico y menos aún luchar por las adversidades. Pero aquí comienzo.

Me encanta observar a las personas. Sufro cuando veo gente egoísta y más sin sentido común. Dentro del orden de defectos en los que me fijo en la gente hay varios aspectos que me provocan escalofríos por dentro: la capacidad para autoengañarse, el nivel de tonterías y errores que se cometen al hablar, la falta de rectitud en intenciones y por último el tono de voz en el trato (condescendencia, falta de respeto, interrupciones...)

No es habitual que me fije en los defectos, pero hoy quería comenzar en tono negativo. ¿El por qué? Siempre me ocurre igual. Es mi extraña naturaleza. Me encanta fijarme en las cosas buenas. Y el otro día tuve una gran oportunidad. Por supuesto, agradezco siempre la buena voluntad de quien sabe a quien me dirijo. Pero luego, ahí estuve. En todo evento social, los chicos solemos quedar deslumbrados por esa chica del grupo que es más atractiva físicamente. ¿Nadie se pregunta cómo puede llegar a ser de complicado ser ella? Observada, fichada y analizada. Con prejuicios y juicios rápidos en cualquier detalle involuntario. Es posiblemente la carga de un don como son los rasgos que os hacen a las mujeres atractivas.

Pero... ¿y en segundo plano? Primer error. Nunca es el segundo plano. Desconfiamos de nosotros mismos y siempre la primera que deslumbra no es quien despierta nada en ti. De hecho es un fugaz y animal interés. Es pasado este momento cuando cada chico comienza a descubrir esos detalles que el realmente siente desear. Las pasiones que se convierten en deseos y los detalles que anulados los instintos nos descubren la verdadera belleza. Los que hacen que nos enamoremos. ¿Y en que nos fijamos? Cada persona tiene sus gustos. Y en este sentido, está la virtud de las mujeres para saber que despertar en un hombre sea como sea. No me cansaré de decirlo. Las chicas tienen en su poder lograr siempre todo lo que deseen. Es un arma de doble filo. Pero existe. 

¿En qué me he fijado yo? Quizás sea un tópico. Pero una cosa para mi, no falla. Y es verte sonreír. Con una sonrisa, me ganas. ¿Sólo? No creo y no quiero. Pero no puedo deshojar mi corazón tan fácil. No me declararía por aquí aunque siempre diera pistas. Para él no es tan impresionante. Para mi, se ha convertido en mi sueño. Quizás esté soñando con un paseo romántico. Una conversación alegre y andar juntos por un camino que no tiene final. A veces nos perdemos en sueños. Suele coincidir que la causa son unos ojos bonitos: mi segundo detalle. Una mirada esconde mucho. El color, el brillo, la intensidad. ¿Cuantos somos capaces de aguantar una mirada? O mejor aún, ¿cuantas veces nos han "cazado" esas miradas? No quiero pensar si me gusta o si no me gusta. Las cosas se ponen en su sitio siempre. Son muchos años de cultivo de corazón. Y nadie desea tanto como yo, que sea para ti. Pero no quiero entrar en errores. No quiero hacer daño a nadie. Si quiero arriesgarme. Pero me gustaría verte caminando a mi lado y no dejarte de ver sonreír nunca. Y sobre todo, no dejarte un solo argumento para equivocarnos y hacernos daño. El día que vea tus ojos y sepa lo que necesites, podré decirte claramente, que estoy perdidamente enamorado de ti. Mientras, sólo deseo saber lo que tu corazón desea y entonces, podremos construir juntos ese futuro donde no existe ni tú ni yo: sólo nosotros.