martes, 22 de diciembre de 2015

Una imagen especial, mi primer dolor con la primera duda.

A veces tienen que ocurrir, otras no te das cuenta y en alguna ocasión hace falta pensar para descubrir que ha ocurrido previamente tras analizar con perspectiva los hechos. Incluyo a continuación una de mis esculturas preferidas. Cada vez que he estado en Roma no he perdido la oportunidad de quedarme un tiempo observándola. Tiene algo que me atrapa. Ese carisma de la escultura se puede sufrir en persona, siempre en menor medida. Pero qué importante es ser consciente de semejante dolor. 


Puedes conocer mucho de historia o haber leído mucho sobre la vida de Jesús. Un enfoque que siempre he apreciado es la figura de la Madre. Su vida personal es única, incomparable y admirable, pero ahí está en sus brazos, sin comprender cómo se puede llegar a ese dolor. Padeciendo sin explicación humana. 

A veces encontramos estos sinsentidos. Quizás unas veces sean malas interpretaciones, otras sean tremendos errores. Al final, cómo sean, dejan una huella, dejan un dolor que no se puede curar, pero si llevar. Esta carga, estas experiencias nos mejoran el mañana. Pero nadie dirá, es fácil de llevar. Es entonces, donde la tentación y las dudas pueden hacer caernos, pueden tentar nuestras decisiones y hacernos cambiar. No pelear. Se puede hacer en pequeña escala y en que momento, Ella, podría pedir, le consolaría un poco de tiempo más, para recibir una explicación a su dolor y su incomprensión. ¡Cuánto se puede aprender de esa vida santa!

Y nosotros, un pequeño dolor, una mala interpretación. Una valiente conversación que termina en un profundo dolor. En una triste sensación de que la fuerza de la ilusión no habla para hacer entender la lucha de la razón.