Quería empezar esta entrada con una pregunta que siempre puede rondar la cabeza de mucha gente. He tenido la suerte de pasar un tiempo con personas a las que aprecio. A unos les cae bien, a otros peor, pero años de historia y de muchas vivencias me hacen poder ver su corazón y no hacer falta preguntarle si está bien o está mal. He visto esa reacción en la misma cena, cuando tenía momentos de uno y otro estado. Los compartía, aunque no lo decía.
A lo largo de la vida de cada uno vamos tomando nuestras decisiones y padecemos nuestras experiencias. Esta noche he vuelto a observar algo especial: cuatro amigas mías. Cada una de ellas más guapa que la otra, entrando en un bucle infinito en el que no sabes decir cual te podría gustar más. Son tan buenas y ves en ellas tan gran corazón, que no dejas de sacar las virtudes en las que han sido educadas para disfrutar cada segundo hablando de cualquier tontería.
Cuento esto porque en la conversación me surgió una idea, no la expuse, pero me encanto a raíz de cómo se torcían las palabras. Sobre un mal momento de una tercera persona y cómo cada circunstancia es personal afectando de no sabes que manera. Y me dije: suéltalo, lúcete ahora. Pero no pude, me lo guarde. Lo escondí, lo maduré y ahora lo escribo. Porque quería contar, que es la felicidad en ese preciso momento. Lo veo claro, no sabemos ser felices porque no sabemos contentarnos con el verdadero amor de nuestro alrededor, nos comparamos y envidiamos pero no amamos. Yo podía ser feliz hablando con esas chicas, que seguro, años atrás, sin conocerlas, tendría mil y una maneras de presentarme estúpidamente para hablar con ellas. No digo que no lo haya hecho una vez, han sido cientos y casi siempre sale mal. No obstante cada revés, valió la pena. La esencia de esa felicidad de encontrar la complicidad de gente tan buena quizás a veces no se valora. Pero mi pregunta sigue ronroneando. ¿Qué es ser feliz? Soy afortunado, tengo la suerte de haber sufrido mucho más que la mayoría de la gente que conozco. Paso malos momentos cada día y lo más complicado es no poder contarlo. Pero ninguno me quita la fe ni la alegría. Haber soportado tanta "mielda" me ha definido como soy y lo agradezco. Porque hoy como muchos otros días, estaba encantado. Uno no es feliz o no es feliz. Tenemos momentos de felicidad y momentos más complicados pero no vivimos en un estado de felicidad permanente. Yo soy feliz en la medida que conozco quien me da la felicidad y sabiendo eso, todo viene solo.
Quería compartir como mi momento de felicidad es ver a la gente disfrutar, cómo el estar a gusto sin pensar nada más. Ver como la pequeña estaba a todo e intentando subirse al carro, como la otra dirige la conversación y se convierte en centro de diálogos, cómo mezclar la atención de la mayor en todos los aspectos y conversaciones y terminando la que falta... quien se despista fijándose en un detalle que posiblemente nadie en todo el restaurante se haya enterado que existe y fingiendo no darse cuenta de todo lo que ocurre a su alrededor.
La felicidad la encontramos cada segundo, si queremos estar enamorados. Si deseamos amar desinteresadamente, si apreciamos las virtudes y la realidad en su esencia de los detalles y gestos de cariño. Lo que hace alguien que otros no podrán hacer nunca (quizás no valoran) pero que envidiamos sanamente los que temporalmente no tenemos. Por ejemplo, la oportunidad de un encuentro familiar tan entrañable y natural que otros durante años intentaran de diferentes maneras. O ver cómo el cariño suple un momento desafortunado.
Escribo esto porque muchas veces no valoramos lo cercana que es la felicidad y como hay quien se quiere ir a otros países para calmar su conciencia y falta de caridad. Mira a tu alrededor y encontrarás pobreza espiritual, moral, social y familiar. ¿Y si te vas a morir? Aquí entra mi cuestión inicial y mi última preocupación. Pasar tiempo con mi tía abuela y su marido. No necesitan regalos, quiero estar con ellos. Son quizás sus últimos días. Puede empeorar. Pero lo que quiero es pintarme la sonrisa, no preocuparme y reírme de cada estupidez. De cómo esas chicas no me quiere ninguna porque pasan de mi o cómo ninguna es para mi porque valgo demasiado (ni aunque lo escriba me lo creeré). Contar historias sobre si estaré soltero para siempre por cualquier tontería y sino, las mil batallas cada noche por conquistar a mi amor verdadero que no quiere hacerme caso y sigo esperando a que me vea esperando a su momento. Siempre al acostarme parece resultar ser un pufo. Pero ahí quedan, ahí está la carcajada fácil. La historia que te hace olvidar males y no darte cuenta de que el sol pasa de este a oeste, sabiendo que después de este verano vendra otro. Has perdido la noción del tiempo a favor de la diversión y empatía de quien quiere dar y recibir el cariño alimentando todo lo que necesitas. No es un ejercicio fácil. Hay personas que ayudan mucho a estar a gusto. Pero el gran resurgir, el gran temor a la muerte sólo se puede vencer enamorándote cada día de los infinitos detalles y personas que tenemos a nuestro lado. Siempre gracias a Dios donde cada día es un nuevo regalo.