sábado, 5 de agosto de 2017

Un punto.

Hace mucho que no escribía. Es en momentos así que tengo que dejar cosas escritas. Cuando algo te choca, no sabes como seguir. Quiero un mapa para llegar a mi destino. Aquí me encuentro, redactando parte del camino. He perdido la vista aunque se recupera lentamente. Ahora entiendo como los mayores andan inseguros, me he golpeado como ellos. He sufrido problemas de cabeza tiempo atrás y entiendo cómo sufren los que tienen un problema aunque no lo acepta. Entiendo a los que tienen ansiedad, porque la disfruto todos los días y se el esfuerzo que lleva, evitar cada día lo que te pide el cuerpo. Entiendo a los que se tienen que tratar mucho, porque lo hago. Entiendo los que tienen sobrepeso y continuamente esta sociedad de mierda los miran mal, juzgan y obsesionados por el aspecto dicen que se cuiden sin tener ni idea de que por dentro, ellos son peores. 

Estoy cansado, me falta mucha confianza primero en mi mismo, luego en todo lo que siempre creo y en los demás. Escucho siempre las misma frases, es con cariño, te dicen las cosas por tu bien, están preocupados, quieren ayudarte, creen que es lo mejor para ti... En mi corta experiencia como enfermo de la enfermedad crónica más divertida que puedo desear a nadie, he aprendido, que los que tienen un problema, no desean por encima de nada que les digan lo que tienen que hacer, cuando ya saben lo que deben cumplir para estar bien.

Son casi tres meses, de estricta intención y quizás no tan buenos resultados, pero si empeño en controlar la naturaleza de uno. El evitar todos los vicios y cambiar de golpe todos mis hábitos. En definitiva cambiar todas las pequeñas costumbres que a lo largo de mi vida he mal adquirido. Mi experiencia es que no es una guerra fácil y a todos los que por el bien de los que tienen que hacer algo por obligación, corregís y aconsejáis, os pregunto: ¿sois perfectos? ¿cuantas cosas que hacéis mal habitualmente cambiaste en tres meses? ¿os gusta que os recuerden que hace cuatro meses lo hacías mal? Me disculpo de antemano, soy orgulloso. Me cuesta mucho, como cada perdón que he pedido este tiempo, y las lágrimas que en algún momento brillan y que me dificultan escribir por mi ojo en mejor estado (espero que no se ponga celoso de la juerga del otro). No se pedir perdón, nunca he sabido y me esfuerzo en hacerlo. Aunque también me sale un guerrero hartazgo. Animal, enfurecido, luchador, impaciente, tenso, agresivo. Lo que nunca he sido o siempre he controlado. 

El mundo no está contra mí, parece que yo si estoy contra el mundo. Es posible. Resulta que siempre he vivido enamorado y sensiblemente preocupado. Creo que se me están quitando las ganas de amar. Estoy perdiendo la ilusión de querer. Cuestiono mi decisión de seguir adelante. Antes luchaba contra mi cabeza, mis hipoglucemias y pequeñas dudas interiores. Puedo creerme que algo falla en mi y que no me levante mañana pensando en que puedo hacer por los demás. Sé que no voy a dejar de luchar, la cuestión es por quienes lo voy hacer.