Manchas en la piel que se deslizan hasta desaparecer olvidadas y pisadas sin ser vistas. Camufladas por el movimiento del entorno. Despreciadas por todos. ¿Y si supieramos el valor emocional de esas pequeňas gotas? No podemos guardarlas todas, pero si hablar y acompaňar a quien las deja ver. Dicen mucho de un corazón y siempre se asocian a las mujeres. Pero... ¿Y los chicos?
No siempre se ven. Y cuidamos que no se pierdan. No queremos que nos acompañen y pocas veces necesitamos liberarlas. Recuerdo dos momentos en los que estalle. Uno liberando la tensión de una situación crítica. La otra... de feliz alegría. De uno de los mejores momentos de mi vida. Cuando encontre la felicidad de un sueňo que deseo vivir cada día reflejado en un momento de una película.
Hay más, pero no son para contar todos. A veces vienen. Una canción, un recuerdo, una imagen un olor... Cualquier sentimiento o detalle. Y hoy, tu nombre. No querer saber nada porque no sabes si te ignora o no le importas. Llevar una mala semana cargada de tareas sin dejar de pensar en ti en todo el dia. Sin saber como te llamas. Solo esperando que al escucharlo todo suene como tu me llamas. Y saber que si me vuelvo, vere tu sombra para ya solo con eso, volverme a enamorar.
Puede ser cada dia, cada persona, cada nuevo encuentro. Miro los ojos, los valientes de quienes no se ocultan bajo oscuras lentes. No me oculto de nada, te miro fijamente y si, puedes verme llorar. No me escondo de ti, pero sabes que cuando te encuentro temo decirte eso que te haga marchar. Volver a la negativa y escuchar de nuevo esa advertencia en silencio, de quien nunca te abandonará.
Pueden ocurrir muchas cosas, pero es muy posible que pierdas lo mejor que nunca volverás a encontrar en el continuo escapar de un pasado a olvidar.