En el treintagésimo aniversario de mi nacimiento has invadido mi cabeza el día anterior. Me gustaría recordar esto como cuando leo lo que escribía hace más de diez años. Con una sonrisa después de ver cómo era un mal momento del que salía adelante. Y sí, hoy ha sido un día difícil. Lo necesitaba, he parado de trabajar pronto y me he ido. Me he acordado primero de ti, te he dedicado el momento que siempre mereces y luego me he ido. A no pensar más. En verme completamente solo. En destrozar la barrera de mi cabeza que echa raíces de pesimismo cuando pienso en lo que me ocurre. Y así, me seguía acordando de ti. Viniera lo que viniera, mientras una bola salía despedida hacia la oscuridad y perdía brillo con un golpe, parecía llevar el nombre de cada cosa mala que circulaba por la cabeza.
Son muchos reflejos y salían despedidos hacia todos lados. Pero sí, todo sigue dentro. Cada recuerdo esta presente. Y no hace daño, pero si llena mi corazón. Sensible corazón. Hoy, muy atormentado. Porque acudía a nuestro momento. A nuestro encuentro. A esos días que me acompañabas y no sabía quien eras. En el aire y en la lluvia. Pero sobre todo, en la brisa del mar. Sabía que siempre te encuentro ahí. Me gustaría mostrar mi experiencia. Presentarte y que todos te encuentren. Saber que nunca hemos caminado solos. Que mire a donde mire, siempre he visto tu rostro. Que pueden ser treinta o sesenta. No creo que llegue a noventa, pero acomodado, con dificultad. Por favor, siempre sonriente. Sabes que lo pido cada día. Así me veo mis últimos días. A tu lado. No quiero pensar en presente ni futuro. Quiero saber que estaré para ti toda la vida. Aunque tenga malos momentos, pase lo que pase, no dejes que me aleje y recuerdame al oído. Sin que nadie nos escuche, lo que sólo tú y yo sabemos y que siempre nos hará sonreír.
Un día después, sigo sentado. Ni frio ni calor. Mi tiempo y el silencio en mi cabeza. Atento a tus palabras. Con mi alma, cabeza y corazón esperando tus respuestas. Me faltaba tu mirada y comprendía entonces, que lo que escondo en mi mirada, nadie podra comprenderlo. La guardaré, porque el corazón que esconde, muy pocos lo merecen. Saben sólo ellos quienes son los afortunados. Hay tesoros que en la nada, son eternos y sobre lo finito, no se encuentran.
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