A veces me gusta poner cosas en inglés para decirme, sí Indi, eres víctima de la estupidez. Me parece que el inglés es limitado y me apasiona usar el castellano para describir, leer y soñar. Sin embargo, una frase clara y fundamentada en inglés, genera la fuerza y pasión que el mal uso del español limita nuestro discurso.
Con esto, explico: esta entrada será cortada en breve. Se trata de una pequeña reacción. Un mínimo impulso a recordarme a mi mismo seguir pendiente de recordar, enamorar y fijarme en los detalles íntimos de los demás. Lo que cada día me enamora de las personas y en esencia, vea su voluntad. Vea sus caprichos y sus deseos en las obras. Ser capaz de observar lo que quiere hacer, porque en nuestros actos, reflejamos el amor puesto en las cosas. El cariño que tenemos hacia las personas y el sufrimiento causado por las acciones que bailan a nuestro lado.
A veces pregunto, otras cuento mis estupideces. Pero no, no revelo mis sentimientos tan fácil como muchos pueden creer. Soy muy celoso de mi intimidad y a diferencia de lo que muchos últimamente creen, mi gran dolor hoy es sufrir como mi corazón se hace de piedra ante los demás. Un agudo dolor, sufrido y constante como si agua helada recorriera mi cuerpo por dentro poco a poco.
Y ¿qué detalles son esos de los que hablaba? Pues ante los comentarios anteriores, son bien sencillos, los que hacen sangrar una piedra para derretirla en fuego. Los detalles, que te dibujan una sonrisa, los detalles que recuerdas todos los días y los detalles que te mueven a lo que creías que no podías hacer. Esos dulces momentos donde hasta el que los hace, pasa por alto cómo han sido cariñosamente observados y ahora, recordados. La esencia de unos instantes que despiertan los sentidos dormidos en el momento más incomprendido. Esos detalles, como no esperar al despertador para levantarte por querer ir a verte.
Detalles, que al contarte, no sabría si te dejaría sin habla o dejarías de hablarme.
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