miércoles, 22 de julio de 2015

Tres días para conocerte

Quizás es algo especial. No lo sé. Pero no dejo de darle vueltas. Sólo tres días necesito para no volver a tener que preocuparme más de nada y que todo termine. Son malos días. Pero no serán los meses ni los años de lucha. Para mí es muy fácil. Sólo hay que dejar de luchar. Cuando alguien muere, todos se preguntan si está luchando o si su sufrimiento ha sido necesario. Es casi imposible ponerse de acuerdo. Me está asaltando la duda por dentro cuando escucho a alguien decir, es un alivio para esa persona cuando lleva tanto tiempo viendo sufrir por el estado de otra persona querida.

Me volvía a preguntar... Cuanta gente ahí, en su sitio, acompañando el sufrimiento. Y me he parado, no voy a saludar a nadie. Nadie ha venido, salvo una buena persona. Alguien que de verdad ha acompañado a quien ha sufrido. Podían ser muchos, pero sólo quien ha conocido el día a día desinteresado, le he visto afectado y ha encontrado en mi alguien que sin saberlo, puede entender lo que está pasando.

Eran todo caras conocidas. Pero ninguna se acercaba. No, todas tenían su circulo de confort, algunas un recuerdo. Otras encontraban su tiempo de saludar. No he querido ser centro de atención, pero sonreía y nadie venía. Siempre he dado el paso. He ido, he saludado y he sonreído a quien lo ha querido. No se si alguno lo merece. La verdad, sólo me hubiera hecho ilusión encontrarme con ella.  No me importaba. Mi guerra es cada día. Llevo veinte años luchando contra eso que a otros les dura meses, toda la vida. Pero no siempre se ve. Mi lucha es silenciosa. Mi corazón, sin que lo vean los demás, se hace más grande cada día porque sé que aunque nadie lo quiera, a su servicio, siempre podrá hacer algo bueno para todos ellos. Y sus fracturas, espinas o ataques, duelen mucho. No es plato de buen gusto, me he acostumbrado a sufrir y lo acojo aunque cueste...

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradezo muchísimo tu comentario.