martes, 7 de julio de 2015

Tres escenas, tres engaños y tres verdades.

Solo hace falta analizarse uno mismo para saber en que estado se encuentra. A veces no me encuentro y dudo entre la genialidad o la estupidez.

Primer momento. Nunca antes me había pasado. Sentado en la cama, espalda apoyada, aguja clavada. Me he dormido. El susto ha sacado la aguja y ha sangrado un poco. El susto, eso si ha sido extraño. ¿Que me ha pasado? Creo que mi cabeza ha desconectado. Calor o falta de potencia para procesar mas datos.
 
Segundo. El espejo. Nunca me miro mas de un todo en orden y fuera. Hoy quince minutos. Sobre el borde del lavabo apoyadas mis palmas. Ojos brillantes aguados y semblante serio. Todo bailando por mi cabeza, ella y yo, ellos, esta y aquella, la casada mala. ¿Donde estaba mi reflejo? Se perdía en las gotas que caían. No sabía porqué. Me apoyo para no caer. Todo se cae, fortaleza, rigidez, peso, estabilidad. Sigo siendo una pesada roca. Pero saben quienes son esas fragilidades.

Tercero. La hipoglucemia. La peor... sobran decir palabras para lo que tortura mi cabeza y es una batalla más que hoy, perra vieja, ha ganado.

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