sábado, 11 de enero de 2014

Peligro de mi cabeza

Puedo escribir bastante sobre esto. Pero es un aspecto interesante con el que vivo. Son las 3:45 de la mañana. No vuelvo de fiesta. Y disfruto un momento de reflexión. ¿Disfrutar? Cuando tienes la voluntad de superar un problema, si, se disfruta no caer en algo muy peligroso. Cuando la cabeza controla el resto de ti, el juego se hace algo a temer. Entran muchos factores. Se da juego al instinto de la autocomplacencia y el desánimo. Inseguridades y cuestiones. Todos los factores cambian su signo. Los negativos no se hacen positivos. 

La mayoría de mi entorno jamás podrá ponerse mis zapatos. No entenderá mis circunstancias. No llegarán a mis extremos. Ni se acercarán a todo lo que aventuro vivir. Esa exclusividad, que en gran medida, temo, me hace muchas veces dar ese paso adelante. Ganar la valentía de cada día proponerme pequeñas grandes metas. Y lo mas increíble de todo mi camino hacia la meta, lo recorro encadenado. Sin embargo, la fuerza de mi alma, se pasea por delante del resto y muy pocas personas se han dado cuenta.
 Me ocurre demasiado a menudo que me paro a pensar. ¿Tengo amigos? Muchas veces me cuesta decir sus nombres. Y me duele mucho. Me cuesta pensar. Y sigo pensando, realmente, ¿quién se interesa y preocupa realmente alguna vez por mi? Lo más triste es que pocos nombres me salen... Y son  tantos los que me gustaría que salieran... Me sigo viendo muy solo. Y nada ayuda a cambiar eso. Sigo ilusionado pensando si cualquier día alguien se preocupara por mi o si realmente todo el mundo habla conmigo porque les interesa que les arregle algo.

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