domingo, 12 de enero de 2014

La calma de la espera y los deseos de respuestas.

¿Cursilada o profunda? Difícil entrada que estoy escribiendo.
Paréntesis. Desde esa mañana me volviste absolutamente idiota. Y da igual que sea la punta del iceberg todo lo que haya hablado contigo, comparado con todo lo que podía decirte. Cierto es que dije que no eras tú quien me interesaba. Era otra en ese momento. También cierto que tu respuesta me rompió. Pero lo que mas me cuesta aceptar, es que tengo tantas ganas de decirte tantas cosas que tanto tiempo sin que me digas nada solo sirve para que me cueste aceptar que tengo que enterrar mi corazón. Y que todos los que me dijeron que pasara de ti, tenían razón. Que gran error.

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