viernes, 5 de octubre de 2012

Si la sociedad me lo permitiera...

Me pararía, miraría a derecha e izquierda. Me daría igual lo que tendría delante y mi camino sería el que cada segundo habita mi cabeza.

Se puede dejar a un lado mi trabajo. Mi dinero. Mi familia. Mis amigos. Mis... ¿cadenas? Las únicas cadenas que tengo son las que me hacen tener los pies en este lugar. Mi vida puede ser un sueño, pero hemos creado un cuento. Todo escrito por lo que algunos pueden hacer. ¿Dónde están los milagros en una sociedad de arena y diablos?

Cada día me levanto y los observo. Saludo al resto y me digo que soy un pobre diablo. Contribuyente de una sociedad marchita y guerrera. Una sociedad que no quiere enamorarse y que me ha contagiado. Me siento enfermo de ella. Pero no es lo peor. Aquí surgen las medicinas. Esos placebos de bondades en palabras, delicias transparencias y esfuerzos sin trabajo.

Hoy, quiero levantarme. Decirme a mi mismo. Tu alegría es tu enfermedad, tu enfermedad es la cura de la sociedad. Tus daños, sirvan a que tu alrededor encuentre en tu sufrimiento lo que ellos no tienen, para que quieran tener todos un pequeño dolor. Ese pequeño dolor que quiere hacer daño a la sociedad.

No encontramos bien en lo que está triste, pero a su vez rechazamos lo que contiente alegría. Matamos las risas puras de los niños. Callamos la sabiduría de los que han sufrido. Encadenamos la fuerza y voluntad de la juventud. Y viciamos la habilidad de los que aprendieron. ¿Es todo esto tan cierto o lo veo todo tan negro?

Me quiero volver a levantar. Soy luchador. Quiero seguir mi camino. El de mi cabeza, ese sueño, sigue siendo un sueño. Pero que lo tengo cerca, lo miro. Queda menos. Recuerdo hace años cuando me decía, que contigo, las horas son minutos, y los minutos segundos. Nuestro tiempo vuela, y nosotros volamos en cuentos. No en sueños. En cuentos creamos fantasías. En los sueños, percibimos esperanza. Nos ponemos objetivos.

¿Qué sueño me ha despertado hoy? Hoy mi sueño, es hacerte feliz. Porque yo, contigo: no necesito despertar. El ánimo, de que cada recuerdo mío sea un encuentro de alegría me hace vivir.

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