lunes, 2 de noviembre de 2015

Y por fin, un reto.

No me harto de repetirlo. El gran pecado. El mayor de los males actuales y más extendido es la soberbia. La definición de la palabra es fundamental y de ahí parte la exposición: "Altivez y apetito desordenado de ser preferido a otros".

Nos ocurre a todos mucho. Cada vez somos menos humildes. Ha desparecido una medida fundamental. No existe Dios. Algunos creen que lo buscan. Otros creen que lo encuentran. Hay quienes reniegan o simplemente, se creen dioses. Dónde nos encontremos, cada uno sabe y por lo general, a los demás, miente. 

Descubrimos en nuestro trato a los demás, en que situación nos encontramos. Y se da el caso, que esa vara de medir nuestros actos poco a poco se ve cómo desaparece. La fortuna de saber que Dios existe y que los hombres podemos tener trato con Él, hace que de forma inmediata, descubramos lo insignificantes que somos y cómo necesitamos y deseamos su cariño y compañía. Para aceptar lo que nos rodea y sobre todo a quienes nos rodean. Quizás es un asunto complejo y se puede ramificar en varias cuestiones. Escribo la que ha ocupado mi atención y que ha nublado todos mis sentidos.

Dentro de los soberbios, a veces soy uno más. Me considero en ocasiones una persona inteligente. No por lo que hago, reparo o puedo idear. Sino porque entiendo con facilidad todas las cosas que me explican y las circunstancias que me rodean. A veces las acepto con grado y otras con desagrado. Pero no me pierdo en comprenderlas. Esto hace que haya muy pocas cosas que despierten una muy poderosa atención. Me gusta y suelo mantener el control de las circunstancias que me rodean. Se a lo que llego y a lo que no. Se cuando me quedo atrás y cuando voy por delante. Pero siempre se cual es mi posición. Quizás conocer este punto de realismo es lo que me hace considerarme inteligente. Repito que puede ser una afirmación poco argumentada y de poca base pero es una pequeña visión en mi toma de decisiones. 

Entrando al caso. Dentro del control, pocas cosas se me escapan. Hay detalles que cuestan más, otros menos. Y un viejo amigo, ha acertado conmigo. Ha roto todos mis hilos. Ya lo hizo cuando le conocí. Lo vuelve a hacer. Dice que es providencial. Creo que me está fastidiando. El caso es que ha hecho lo que nadie desde que recuerdo ahora, había conseguido. Ha puesto mi vida lejos de mi control. Ha dado un empujón que quizás haya despertado una parte muy dormida en mi. Esa parte de mi corazón oculta en tantos detalles con los demás. El reto de plantearse y dar la oportunidad de dejarse conocer. De no ser dueño de tu vida. Permitir hablar a un condicional entre operaciones. Lanzar una hipótesis al infinito para ver hacia donde vuela. Arriesgarte a disfrutar y conocer a otra persona. Romper los esquemas y olvidar todos los prejuicios. Mirar, verte sonreír y tener miedo a equivocarse. Hablar, escuchar y disfrutar cada momento. No necesito más. No estoy avanzando. No estoy buscando un camino. Sólo observo y me gusta el reto. Tal vez quiera salir hacia todas partes. No me engaño, siempre vivo con aspiraciones futuras. Pero ahora no hay soberbia. No hay desorden. Mi único apetito es saber que me enfrento a un momento perfecto. 

Volver a navegar, volver a partir, salir al mar y recordar las palabras que me decía de niño: sin querer, no se puede vivir.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Agradezo muchísimo tu comentario.