Intento justificar lo que me rodea. Trato de ser comprensivo con quienes tengo a mi lado. A pesar de eso, pasa el tiempo y me veo independiente. Aislado. Diferente. Hasta cierto punto, rechazado. Todo ello rodeado de una seguridad de luchar por hacer las cosas bien y acostarme tarde todos los días pensando: ánimo, mañana habrá algo bueno o tendremos algo positivo. Quizás sean pocos los días que me acueste contento. Pocos días tengo la seguridad de saber que ha sido un buen día. A pesar de eso, con mis dificultades y con todo lo que me rodea, sigo con un fuerte empuje. Cargando con nuestros defectos e intentando pararme para arrastrar en todo lo que necesiten familia, amigos y conocidos.
Resulta frustante ver las malísimas decisiones y cómo van directos al sin sentido gente muy cercana. Me destroza parte de mi corazón la indiferencia maquillada con falsas justificaciones. Me decían: "quizás no se atreva". Y yo me respondía que tal vez no querría escuchar lo que rechaza pensar. Porque su pasión manipula su razón.
Decía por mensaje, no había respuesta. No pedir explicaciones, es que no se recibía. Se ven, se oyen. Pero ni se observa ni se escucha. Son consecuencias para toda la vida. Son pérdidas que con el tiempo, no se arreglan. Se van deshaciendo. La reconstrucción se hace compleja y mientras veo impotente y atado por las cadenas del engaño y la paranoia, me siento cada vez, un poco más fuerte. Como ese gladiador, con la ilusión de su mejor batalla. A la espera de poder salir a la arena. Con la fortaleza de pelear por todos. Sabiendo que sólo quiere el respeto de esa persona. Escondida, pequeña, única. Sólo ella cura sus pasiones, calma su corazón y ahora, templa su espíritu. Mientras todo el cuerpo empuja y arrastra la voluntad, sólo el susurro de su sonrisa le asegura la espera. No hay temor al salto. No puede pararse este corazón. La arena está manchada de sangre. Hay animales y gladiadores. Carros y arqueros. Todos esperan para que caiga y deje mi lucha. Demonios y sobras tientan y mienten sobre tus palabras con manipulaciones confusas.
Decía por mensaje, no había respuesta. No pedir explicaciones, es que no se recibía. Se ven, se oyen. Pero ni se observa ni se escucha. Son consecuencias para toda la vida. Son pérdidas que con el tiempo, no se arreglan. Se van deshaciendo. La reconstrucción se hace compleja y mientras veo impotente y atado por las cadenas del engaño y la paranoia, me siento cada vez, un poco más fuerte. Como ese gladiador, con la ilusión de su mejor batalla. A la espera de poder salir a la arena. Con la fortaleza de pelear por todos. Sabiendo que sólo quiere el respeto de esa persona. Escondida, pequeña, única. Sólo ella cura sus pasiones, calma su corazón y ahora, templa su espíritu. Mientras todo el cuerpo empuja y arrastra la voluntad, sólo el susurro de su sonrisa le asegura la espera. No hay temor al salto. No puede pararse este corazón. La arena está manchada de sangre. Hay animales y gladiadores. Carros y arqueros. Todos esperan para que caiga y deje mi lucha. Demonios y sobras tientan y mienten sobre tus palabras con manipulaciones confusas.
Las rodillas al suelo, golpes inesperados. Heridas manchadas y con sal bañadas. No es fácil. Pero todos mis miedos están despareciendo con la seguridad, de que volveré a verte una vez más sin poder moverme. Has despertado mi ilusión. Estas batallas, no se han perdido, no me dejes de sonreír porque llegaré a ti para resurgir. Tal vez no sea tiempo suficiente para poder conocer todo. Esto es un mundo nuevo. Un nuevo sueño. Dicen del poder para encantar y vivir en las películas, que es un arte ficticio. Mi única realidad es que ahora, sólo vivo un sueño inesperado... ¿O estoy despierto?
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Agradezo muchísimo tu comentario.