No se por qué pero tengo la extraña sensación de que todo el mundo esta raro. ¿Soy de las pocas personas normales que quedan? Para colmo, me da la impresión de que están jugando conmigo.
¿Qué le he hecho yo al mundo para que siempre quiera ser así conmigo? A veces creo que me gustaría coger el barco y perderme en el horizonte. Nadie es capaz de echar de menos a alguien.
MIS PEQUEÑAS CONFESIONES
Me preguntaba como hace más de diez años empezaba a salir con esa chica de la que naturalmente, guardo muy buenos recuerdos. Todo surgió sin querer. No me di cuenta de que me estaba ilusionando. De que la veía con normalidad. Pero a su vez, me apetecía contarle lo que me ocurría. Supongo que tonteaba, porque estaba pendiente de otras cosas. Y tal vez, no hacerle el caso que ella esperaba, desencadenó todo.
Ahora me pregunto, tantos años después, como no me he acercado a nada así. Qué he hecho mal. Entonces me vuelve a venir a la cabeza esa misma idea. Haber algo diferente en mi, implica que muy pocos descubran lo que me hace ser así. Pero no me consuela. Nada tranquiliza mis inquietudes. Quiero usar mis poderes. Los que no salen en las películas. Los que mueven el mundo aunque busquemos otros. Mi súper poder es ella y El lo vigila. Nadie puede conmigo y nada se me opone cuando la quiero. Quizás por eso, cuando una chica nos quiere, nos volvemos invencibles. Nos hacen héroes al descubrir que ellas nos fortalecen.
ABANDONAD EL BARCO. ES TIEMPO DE VALIENTES Y NO LOS ENCUENTRO
Un título para una última reflexión. Me sigo preguntando, ¿donde están las personas que me aportan algo?. Esas que me hacen querer. Las que tranquilizan mi corazón con sus virtudes. Las que me hacen sentir acompañado. En las que encuentro paz. Quienes desean el bien de los demás. Los que no abanderan los rencores y oscuros deseos. Esos que sonríen a la adversidad. Los que hacen justicia con sus errores y reparan sus equivocaciones. Los que dicen la verdad y con franqueza no esconden haberse equivocado. Los que devuelven sus trampas y cambian sus intereses dañinos. Los que no quieren imponer sus ideas sino comprender las de los demás para saber si son mejores. Valientes que digan si a la sinceridad y confianza. Los que cuando se equivocan aceptan el error.
Valientes, héroes, luchadores, desinteresados. En todos los ámbitos. No sólo en un detalle o un momento. Los que se enorgullecen del pabellón del barco. Un símbolo perseguido. Una cruz muchas veces incomprendida. Un sufrimiento interior pocas veces comprendido. Un deseo de luchar en todo momento. Una lucha con pegajosas adversidades permanentes. Lucha perdida para muchos. Esperanza eterna para ellos. Son los valientes que persiguen sus sueños. Esos que se creen que la ilusión de la sensibilidad puede con todo cuando su corazón ama todo lo que le rodea. Donde los sentimiento son apoyo para escalar mucho más alto. No los dejan y añoran. No los esperan. Los vuelven a recuperar, de donde no hay más espacio. Surgen del mar de risas donde nadie los ve para seguir navegando. Superando tormentas. Superando oleajes. En un barco casi hundido, se encuentra también esos destellos que acercan el horizonte. Y sobre el mar, capitán de un barco abandonado por los demás, veo su imagen. Pero no la alcanzo porque hasta el fin de mis días, tu seras quién dirija mi alma. Sé que me guiarás a mi destino.
ABANDONAD EL BARCO. ES TIEMPO DE VALIENTES Y NO LOS ENCUENTRO
Un título para una última reflexión. Me sigo preguntando, ¿donde están las personas que me aportan algo?. Esas que me hacen querer. Las que tranquilizan mi corazón con sus virtudes. Las que me hacen sentir acompañado. En las que encuentro paz. Quienes desean el bien de los demás. Los que no abanderan los rencores y oscuros deseos. Esos que sonríen a la adversidad. Los que hacen justicia con sus errores y reparan sus equivocaciones. Los que dicen la verdad y con franqueza no esconden haberse equivocado. Los que devuelven sus trampas y cambian sus intereses dañinos. Los que no quieren imponer sus ideas sino comprender las de los demás para saber si son mejores. Valientes que digan si a la sinceridad y confianza. Los que cuando se equivocan aceptan el error.
Valientes, héroes, luchadores, desinteresados. En todos los ámbitos. No sólo en un detalle o un momento. Los que se enorgullecen del pabellón del barco. Un símbolo perseguido. Una cruz muchas veces incomprendida. Un sufrimiento interior pocas veces comprendido. Un deseo de luchar en todo momento. Una lucha con pegajosas adversidades permanentes. Lucha perdida para muchos. Esperanza eterna para ellos. Son los valientes que persiguen sus sueños. Esos que se creen que la ilusión de la sensibilidad puede con todo cuando su corazón ama todo lo que le rodea. Donde los sentimiento son apoyo para escalar mucho más alto. No los dejan y añoran. No los esperan. Los vuelven a recuperar, de donde no hay más espacio. Surgen del mar de risas donde nadie los ve para seguir navegando. Superando tormentas. Superando oleajes. En un barco casi hundido, se encuentra también esos destellos que acercan el horizonte. Y sobre el mar, capitán de un barco abandonado por los demás, veo su imagen. Pero no la alcanzo porque hasta el fin de mis días, tu seras quién dirija mi alma. Sé que me guiarás a mi destino.
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