sábado, 17 de enero de 2015

¿Por qué desaparecen las personas que sonreían?

Una y otra vez, cuando levanto la vista y paseo por el hospital... ¡No es valentía! es realidad. Donde muchos se ponen nerviosos, camino sin temor a vivir, sin miedo a mirar a los demás. No soy especial. Ni un héroe. No tengo poderes. Mi debilidad, sois los demás. Aquellos que sin conoceros, quiero. Por los que sin saber motivos, me gusta ver sonreír. Cuando recorro los largos pasillos de hospital, no una vez ni dos: todos los meses. Cuando hacemos de la rutina algo indiferente y no miramos quien se cruza con nosotros, dejamos la humanidad para convertirnos en bestias. 

Todos tenemos problemas. Nadie se escapa de las cruces de nuestros días. Vienen antes o después. A lo largo de tu vida encontrarás dos tipos de personas: los que interiorizan los problemas y los que los exteriorizan. ¿Mejores? Depende el momento... Lo que no me cabe duda es que vividos por dentro, exigen mucho más de uno mismo. No soy uno menos, estamos bailando con la muerte. Es un tango a cámara lenta. Los oídos pitan mientras lo recuerdo. Lágrimas patinan sobre mi piel pensando en ellos. En como nos están dejando y les estamos dejando nosotros. ¿Dónde están nuestras sonrisas? Feliz vivo de sonreír por dentro. Es mi lucha diaria contra tanta amargura. Sabe ella, como por dentro no me deja un solo fruto bueno. Es mi compañera de baile. Mi dulce amiga. Voraz, tentadora, manipuladora y sobre todo, mi vida. ¿Quién soy? Por ella y con El, único. ¿Sonreiremos?: siempre. No me lo va a quitar. Todo sufrimiento, todo mal momento. Todo tiene su cara amable. Si no lo vemos, seguimos ciegos. Si pensamos en el erotismo del tango, sucumbiremos de servir a los demás para servirnos a nosotros mismos. 

¿Por qué desparecen? Me sigo preguntando, cuando veía ese vídeo. Manipulado, fácil. Y sobre todo falso. La crueldad que tiene ese vídeo el mal implícito en cada emotivo comentario. La necesidad de empatizar los problemas. Obligar a los demás a que vean lo que vemos. No deseo que la gente sufra. Deseo personas que me sonrían. No que lloren. Necesito su alegría. No su compasión. No aspiro a curarme. Me han concedido la salud de la enfermedad. Veo cómo muere a mi lado el espíritu de personas cada día. Y lo paso mal. Miro sus falsas sonrisas y sigo pensando: "no soy yo el enfermo". Miro las malas caras y las penas arrastrarse por los pasillos y te sorprende alguna luz. De ese enfermo que sabe que ya siempre será así. No espero mi recuperación. Conozco el mal, vivo con él. Cada día y sobre todo, cada noche cuando sabe que soy frágil en soledad. Vulnerable a mis deseos y ambiciones. Verme ese alma solitaria que no tiene a quien sonreír y servir. Son momentos difíciles. Miro a los que están mal y se que en una mirada nos decimos todo lo que otros no sabrán decir ni en un año a su lado. 

No me parece complicado. No digo que nuestra situación sea fácil. No vivimos caminando sobre pétalos de rosas y cielos soleados cantando y bailando. Pero mientras no queramos sonreír, no aprendamos a ver la vida con alegría, seguiremos la línea que nos marca la sociedad. La de quemar y ver arder todo. Destruir la convivencia con el egoísmo y la codicia. Jugar con el erotismo de los placeres y no cuidarlos para acompañar el sabor de la verdadera felicidad: hacer feliz a quien tienes a tu lado sin pensar en tu felicidad.

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