Pero si te quieres meter en complicaciones, siempre se puede matizar. De día, cumplo mis obligaciones. Respondo a los clientes y me dedico a servir con la empresa a los demás. Por las noches, no cojo el sueño. No es un problema de esto o de aquello. El problema es todo. Días que me acuesto pronto y me despierto dos veces. Frío, calor. Tantas razones y ninguna con sentido. ¿El problema? Seguir con demasiada inquietud. Tengo la desgracia de aguantar un problema. Es enorme y manejar algo tan grande se hace complejo. Si bien es cierto que lo han machado hace poco, la gravedad radica en que ahora mismo todo le afecta. Desde la ilusión por un plan al que había muchas ganas, hasta despertarme y odiar todos los fantasmas que me han hecho discutir con mi sombra. Beso y escupo interiormente a los demás, quiero llamarles amigos y pensar que sólo con un abrazo me hacen recordar que los necesito tanto como yo darme a ellos. Pero nada tranquiliza mi confianza. La han robado y lo peor, se han reído de eso. Jamás soñé que me hicieran algo así. Y ya espero cualquier cosa de todos. Miro a las personas y solo por como me miran, se lo que sienten. Antes siempre veía lo bueno y cada persona me ilusionaba. Hoy, son luces y sombras. Llevo años negándome esa maldad, hoy, me estoy rindiendo a ello. "Piensa mal y acertarás".
Hay quien puede intentarlo. Ha puesto esfuerzo. Mi procesión va por dentro. Y mis cuentas, cada día espero. Me siento, miro, no escucho. Son todo historias. Pero las vivo todas. Me pregunto si he perdonado. ¿Por qué tengo que ser yo, quien dolido, escuche cómo hay una burla constante? ¿Realmente no perdono? Sabe mi conciencia que si. Pero no me engaño a mi mismo. No se hará justicia. No espero que se me pida un perdón real. Hay quienes no quieren arreglar nada. No todos vivimos con la dignidad interior de querer cada día a los demás.
Son las historietas las que nos van formando y al final, en toda guerra se cruzan diferentes batallas. Soy mi peor enemigo. Y las espadas están en alto. Se para quien lucho. Se donde esta mi guerra. Se cual es mi victoria. A mi alrededor habrá quien me acompañe, quien me quiera atacar y quienes traicionen. Sigo en pie y ahora, con una caída, me he levantado con otra mirada. Solo sigo en mi guerra diaria. Nadie se merece ahora que luche por él.
Es la hora de cambiar los finales. De luchar por las verdades y no ceder a las mentiras. Ya no me vale el falso perdón donde el que perdona siempre es quien aguanta la burla del que momentos después se sigue riendo de ti. Ha tenido que servirme para saber que al que maltrata, no se le consiente una mas en su mal. Y que aunque se perdone, buscaré a otros en quien si poder confiar.
Es la hora de cambiar los finales. De luchar por las verdades y no ceder a las mentiras. Ya no me vale el falso perdón donde el que perdona siempre es quien aguanta la burla del que momentos después se sigue riendo de ti. Ha tenido que servirme para saber que al que maltrata, no se le consiente una mas en su mal. Y que aunque se perdone, buscaré a otros en quien si poder confiar.
Me gusta como soy. De hecho, me siento tan diferente al resto que eso me hace cada día más feliz. Puede que los impresentables que se me pongan delante, me tienten con hacer maldades. O que en quienes he confiado tantas cosas, me apuñalen sin importarles nada y sin mostrar el menor arrepentimiento. Que esos con los que convivo quieran demostrarme una y otra vez que sus miserias sean por mi culpa. Y que soy quien tiene un problema permanente que corregir. No se dan cuenta, se amargan ellos solos y sus enfados, sus problemas, sus quejas, sus mentiras. Todo lo que me dicen me importa poco o nada cuando no está adecuado al cariño que hay entre dos personas. A veces me enfadarán. Consiguen que conteste, pero no han sido capaces de quitarme una sola pizca de paz y ni un solo segundo de preocupación. Porque estoy haciendo las cosas bien. Y si no las hago mejor, no es por su ayuda. Que no me dan ninguna. Sino porque no todos los días sirvo como El quiere.
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