lunes, 28 de abril de 2014

Cuesta decir que no al encantamiento de una mujer

Hace meses que me dijo una amiga muy querida. Indi, toda la vida igual, siempre persiguiendo. ¿Por que no paras unos meses? Me gusto la idea. Desconexión completa. Consecuencia: me empieza a escribir la niña de la sonrisa por la que he suspirado tantos meses. Cosas triviales, pero desatan mi ilusión. Siguiendo fiel a ese desinterés, que no ser descortés, seguimos y seguimos. Ya me pregunto, ¿realmente puedo seguir tonteando? Pues la realidad, una vez más, se cebó en el guantazo. A veces creo que no merezco recibir estas bofetadas. Pero es lo que hay.

En mi parada, no puedo evitarlo. Me preocupo, me intereso y sobre todo: me gusta estar y hablar con los demás. Siempre genera polémica, pero me divierte hablar con las chicas. Me gusta cómo son y las quiero un montón. Al final, siempre termina igual. Surge ese momento en el que cambian el chip y ya piensan algo. Entonces lo dejo pasar. Es un tira y afloja. Pero no se dan cuenta, que si alguien me gusta. Moveré mares y océanos para encontrar oportunidades.

Y si... en este proceso aparece esa. Que te hace gracia. La que te pinta otra sonrisa tonta. Que te cae muy bien, la miras y dices: qué espectáculo. Pero te ríes con ella y disfrutas los segundos que te dice algo. Ahí empieza mi rechazo. Pararme. No dejarme llevar por la ilusión. Frenar mi instinto. Me cuesta horrores decir que no. No sigas. No vuelvas a caer. Y lo pensaba, ¿que me ha hecho? ¿cómo ha podido en un instante hacerme perder todo el control de la situación? Le hablaba y miraba sin saber donde estaba. Me iba caminando sin sentido, sin pensar en nada, contando una batalla graciosa. Sólo pensaba sacarle una risa. Y volvía diciendo, párate. No vuelvas a caer. Guarda ese corazón y deja que ella mueva su ficha antes de bailar al son de su deseo. 

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